Cuando acabé mi carrera universitaria en derecho con la especialidad en economía, hace algo más de 20 años, no tenía ni idea de cómo acceder a mi primer puesto de trabajo. No provenía de una familia de abogados, ni nada relacionado con el mundo legal o al menos de empresa. No sabía si enviar mi currículum a despachos de abogados, empresas privadas, a qué sector productivo concreto, de qué provincia, o incluso de qué país. Tan sólo pensar en todas las opciones posibles me superaba, e iban pasando los días…

Esa fue la primera vez que, a nivel profesional, eché en falta que “alguien me orientara”; ¿cómo accedería a mi primer puesto de trabajo?

Estuve más de 1 año trabajando totalmente alejado “de la profesión”, en cosas que jamás imaginaría yo mismo que pudiese hacer (vendí líneas de móvil a pymes “a puerta fría”, trabajé en “The Phone House” durante casi 6 meses, serví de camarero en una cervecería alemana, e incluso, “tiré cable” en los sótanos de “Altos Hornos de Vizcaya”… esto último os lo tendría que explicar en persona y con fotos…).

Creo que lo importante fue que no tiré la toalla, y persistí en la idea de encontrar mi camino; y a veces, sólo a veces, la vida te lo va mostrando y debes tener la menta abierta para verlo…

En una visita improvisada de fin semana a uno de mis mejores amigos que estaba haciendo un Master de Urbanismo y Ordenación del Territorio en Madrid (allá por el 2003) tuve la mente abierta, y tras sopesarlo durante algunos días, tomé una decisión que supuso el inicio de mi actual carrera profesional… no quiere decir que no hubiera otras opciones mejores, sino que se puede decir que ésta la supe aprovechar, o mejor dicho, “ejecutar”, bastante bien (al menos hasta hoy).

Pedí un préstamo de 24.000€ al BBVA para pagar no sólo el máster, sino un año completo de estancia en Madrid, ya que el máster era “full-time” y no parecía factible estudiar dando el 200% y trabajar a la vez. Por otro lado, me venía a Madrid con la presión de que acabar el master y no encontrar trabajo, supondría volver a Bilbao “con el rabo entre las piernas” y una deuda considerable para un desempleado de 26 años.

Esa fue la segunda vez que hubiera agradecido que un mentor, un profesional (abogado o al menos profesional del sector inmobiliario) me hubiera dicho si aquello era o no una buena decisión, y qué otras opciones tenía alguien como yo.

Hoy puedo decir que, gracias a una mezcla de perseverancia, buenas (y también decisiones mejorables), algunos grandes mentores, jefes y hoy amigos (que espero lean este texto), resiliencia, y por supuesto haber “podido” estar en el sitio y en el momento idóneos, desde hace 7 años soy profesor en ese máster (y en otras universidades y centros de formación), he tenido la suerte de trabajar en algunas de las empresas más relevantes del sector inmobiliario, y puedo compartir mi día a día con muchos y grandes profesionales tanto de mi actual empresa como del resto del sector.

Es más que evidente el papel tan relevante que un buen mentor, un experto, con experiencia contrastada en un sector económico concreto, puede tener para aquellos jóvenes (o no tan jóvenes) que quieran crecer a nivel profesional, sin dejar a un lado el desarrollo personal de cada uno, y es por ello que desde 2020 colaboro como mentor, y hoy me embarco en este nuevo proyecto con “Mentoring Inmobiliario”, plataforma a través de la cual durante este mes de julio podéis solicitar acceso al Programa de Mentorías “pro bono” que realizaré a partir de septiembre.

Autor: Patxi Xabier Castaños Gil (Director de Asesoría Jurídica de AEDAS HOMES).